El autor Nassim Taleb habla de la fragilidad como esa condición que se debilita frente al estrés, al caos o a la incertidumbre.
Y aunque lo plantea desde la economía y los sistemas, su idea aplica profundamente a la vida diaria.
Cuando:
- comemos de forma automática y desconectada
- vivimos sin descanso
- evitamos lo incómodo en vez de enfrentarlo
- postergamos lo que sabemos que nos hace bien
no solo perdemos energía: perdemos resiliencia.
Nos volvemos más reactivos, más cansados, más vulnerables al estrés.
Más frágiles frente a la vida.
Y aquí aparece una verdad incómoda pero liberadora:
muchas de nuestras fragilidades no vienen de grandes traumas, sino de pequeños hábitos sostenidos en el tiempo.
